martes, 9 de mayo de 2023

La fe y las rogativas por la lluvia


"En verdad os digo, si tuvierais una fe siquiera tan pequeña como semilla de mostaza diríais a esta montaña: muévete de aquí para allá. Y la montaña se movería". (Mateo, 17:20)

Y ya puestos, si la fe, en tan minúscula proporción, puede mover montañas ¿por qué no ha de acarrear la lluvia?

Parece ser, pues, que a lo largo de estos últimos dos milenios y pico que lleva la cristiandad cultivando sus creencias desde que Jesucristo pronunciara estas palabras, nadie ha tenido ni siquiera esa mijitilla de fe, porque, que sepamos, ninguna persona humana -ni divina- ha logrado cambiar una montaña de su sitio ni arrimar las nubes a su sembrado. Para mí, que aquella sentencia fue un farol de Jesucristo. Todo lo más que sabemos parecido a esto fue cuando Moisés separó por unas horas las aguas del mar Rojo. He aquí un verdadero hombre de fe. Ni siquiera Aníbal, el más afanoso guerrero de la Antigüedad, consiguió mover el gigantesco bloque de hielo que obstaculizaba el paso de su ejército por Los Alpes, sino que tuvo que destrozarlo a golpe de golpes y de días. Lo dicho: la humanidad carece de fe. No llega a la semilla de mostaza. Al menos, de fe religiosa.

Fuera de la fe (religiosa), muchas obras y pensamientos de la gente corriente nos parecerían a todos -incluso a los creyentes- un sinsentido. ¿Quién en su sano juicio puede creer en que un pedacito de pan se va a convertir en el cuerpo de Cristo o un trago de vino de misa en su sangre, al simple conjuro de una especie de abracadabra elevado al cielo por un ministro del Señor? ¿Quién, en las misteriosas apariciones de La Virgen María? ¿Quién, en los milagros? Nadie, fuera de la fe. De manera que no parece cierto que la fe mueva montañas, pero sí que mueve voluntades, emociones y sentires. Ha sido siempre así y no parece que vaya a dejar de serlo. El hombre necesita creer (bueno..., y la mujer también). Parece que es algo inherente a nuestra naturaleza, algo ya estructurado en nuestro paleo encéfalo, herencia de nuestros ancestros más primigenios. No necesariamente ha de ser una fe religiosa la única que pueda guiar las vidas de las personas, existen otras variadas formas de fe, pero en nuestra cultura fe se equipara casi siempre a creencia religiosa, y así lo quiero dejar constar en el contexto en el que hoy escribo.

La fe religiosa sublima y supera la realidad. El creyente no quiere saber la verdad, decía Nietzsche, le basta con la fe. "La fe engaña a los hombres, pero le da brillo a la mirada", apostillaba R. Tagore. Pues, sí. Algo (o mucho) de eso es lo que hay. Desde luego, yo no voy a menospreciar la fe ni a las personas que la practican. Lo que siempre criticaré será la intransigencia y el fanatismo, porque ciegan las luces e imposibilitan cualquier debate o acercamiento. He sido creyente fervoroso durante muchos años. He conocido a gente de ciencia que son creyentes. La historia universal está repleta de científicos, investigadores, literatos, artistas... intelectuales que creen en Dios. Tengo para mí que ciencia y fe son dos mundos que, ora se juntan, ora se pelean, como hacen los hermanos cuando chaveas, dos trenes en vías paralelas que pretenden llevarnos al mismo destino, el de la verdad, y que unas veces se acercan tanto que casi se rozan entre ellos, y otras divergen tanto que parece que uno vaya para Sevilla y el otro, para Almería. La fe, por tanto, no es signo de ignorancia, ni mucho menos. Es otra cosa, otra dimensión del pensar y del conocer, un subproducto primitivo surgido del sentimiento y de la intuición para dar respuesta a realidades ocultas. Mitos que expliquen lo inexplicable. La razón es el dominio de la ciencia, algo sobrevenido a nuestro cerebro con posterioridad. Ciencia y fe, razón y sentimiento, qué fácil en la teoría, qué complejo en la práctica. No puedo olvidarme de nuestro gran Antonio Machado cuando en su "Juan de Mairena" de 1936 sentenció: "No fue la razón, sino la fe en la razón lo que mató en Grecia la fe en los dioses".

De otra manera, no se explica el fenómeno que yo creía atávico acaecido en estos días en muchos puntos de la geografía patria: el de las rogativas por la lluvia. Vírgenes de diferentes advocaciones, Señor de Las Aguas, san Isidros... , procesionados en nuestros pueblos y ciudades con rezos y cánticos imploradores de agua. Algo sentido como natural y necesario por muchos creyentes -no todos. Algo anacrónico, esperpéntico, vergonzoso para muchos no creyentes. Sin fe es imposible entender tal fenómeno. Llamo al móvil de un amigo sacerdote, muy cercano al obispo.

-¡Por Dios bendito! -le increpo nada más empezar la conversación- ¿Cómo es posible que permitáis este esperpento de procesiones en el siglo en que vivimos? ¡Que ya no estamos en el Nacional catolicismo, por Dios!!!

-Hombre, José María, no te lo tomes así. De toda la vida del Señor esto ha sido y es expresión de la religiosidad popular. De sobra sabemos que no va a llover por mucho que imploremos al Altísimo y a su Santa Madre, pero no podemos ni debemos reprimir lo último y más sagrado que le queda a la gente: su fe.

-Pero, hombre -protesto-: para eso estáis los pastores ¿no? Para procurar que el rebaño no se descarríe por caminos ya abandonados.

-¿Abandonados? Eso será lo que tú te crees. Esa costumbre de sacar a los santos sigue tan vigente como en nuestros años de seminario, o más. Mira tú éste.

Pues entonces, apaga y vámonos.




 


"El naturalismo pretende excluir a Dios de cualquier explicación racional seria. Y suele concentrarse en el estudio de la persona humana, que viene reducida a sus dimensiones materiales, físico-químicas y neuronales. Tal como señala una de las respuestas que he mencionado, el desafío mayor que la religión debe afrontar hoy en nombre de la ciencia es el que se presenta como avalado por la neurociencia: algunos pretenden explicar todo lo humano, incluida la conciencia y la religión, mediante la química del cerebro".

Este párrafo lo escribió Mariano Artigas, un filósofo de investigación, en Aceprensa en 1991. Su libro más conocido, Ciencia, razón y fe, de 2011, es un ejercicio formidable de conciliación muy recomendable para el personal interesado en estos temas. Mi opinión al respecto es que los avances logrados en la neurociencia desde entonces apuntan a lo que este hombre, filósofo y sacerdote, se temía: que todo lo humano es física y química. Pero no hay nada que temer: física y química de las buenas. Física y química que permiten y protegen la diversidad, la pluralidad y la libertad de conciencia y de pensamiento. 

¡Que así sea!

23 comentarios:

  1. Hola José María , me ha gustado, aunque tenía mis dudas. Hay otra dimensión del fenómeno que no podemos olvidar, y contra el que no debemos ser benevolentes. Los qué creen que de forma mágica se pueden cambiar las condiciones climática a su vez no creen que existan otras soluciones y que implican la acción no la inacción, una acción que puede suponer pérdida de privilegios por una parte y cambios en los comportamientos de quien planifica y de quien tiene que acatar las normas . En fin que los que sacan santos se deben sentir muy satisfechos y los que no los sacamos muy decepcionados. Felicidades por el artículo

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    1. Muchas gracias, Victoria. He querido reflejar en el artículo aspectos filosóficos y antropológicos acerca de este dualismo Ciencia y Fe. Sin entrar en la harina de lo práctico.

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  2. Un catedrático de Antropología de la Universidad de Granada, antiguo compañero nuestro, Pedro Gómez García, ha escrito el libro Pensar la Religión. Lo he leído entero. No me convencen los argumentos. Gran erudición, eso sí. Un libro gordo.

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  3. Enhorabuena por tu oportuna e inteligente reflexión. Un abrazo

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  4. Como siempre sublime. Tienes una sensibilidad para tratar cualquier tema espinoso, que no le puede sentar mal a creyentes ni a ateos.
    En mi opinión, como ateo, las personas creyentes mediante estás rogativas sienten que están haciendo lo que está en sus manos... Yo en ocasiones los envidio. Cuando hay alguien muy enfermo, incluso a punto de morir y los ves rezando... esa vía es de escape les alivia, mientras que yo no puedo sino aguantar sin poder hacer nada... Las personas en situaciones desesperadas pueden actuar con lógica o con fe, cada uno que elija la opción que más le satisfaga. Un abrazo!!

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  5. Soy tu sobrino Javi 😉

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  6. Gracias por el articulo.

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  7. A ésa procesión pidiendo lluvia, sólo llevaba paraguas el tonto del pueblo...

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  8. Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva. Los pajaritos cantan....., que sí que no, que caiga un chaparrón en mitad de la estación.
    Cantabamos de chiquitos.

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    1. Que rompa los cristales de la estación, y los míos no.

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  9. ¿Invocar a Dios como medida de la irracionalidad de las procesiones que le invocan? No deja de sorprender la contradicción: "-¡Por Dios bendito! -le increpo nada más empezar la conversación- ¿Cómo es posible que permitáis este esperpento de procesiones en el siglo en que vivimos?".

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    1. En efecto, así es. Soy un ateo muy atípico. Mi educación nacional católica ha hecho que determinadas expresiones de asombro, sorpresa, protesta o incluso de saludo, tengan a Dios como referente. Y aunque no fuese así, me parece lo mío un ejercicio, muchas veces involuntario e inconsciente de la bendita incoherencia que nos adorna a los humanos. Un abrazo. Y queda con Dios.

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  10. Rafael Vilas García12 de mayo de 2023, 5:49

    Muchas gracias por este nuevo e imprescindible artículo. Pues, para ser un buen ateo debemos serlo “Como dios manda” virtuosos y con razón. Hagamos rogativas para ello.

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  11. Amigo José María, pues yo no estoy tan seguro de esas afirmaciones tan racionales. Viendo que nuestra sobrevenida inteligencia aún nos mantiene atados a este valle de lágrimas. Aún dependemos de las nubes para tener cosechas, cosa rara con tanto adelanto.
    Pero estoy de acuerdo en una cosa, a Dios rogando y con el mazo dando.
    Un abrazo
    Juan Martín

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  12. La realidad de las cosas nunca es simple y la razón no puede darnos explicaciones para todo. Estoy de acuerdo contigo en eso. Un abrazo.

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  13. Recomiendo ver la película "La palabra", cuyo tema es el poder de la fe.
    Creo, (el 99% de mis pensamientos son creencias), que las apariciones marianas y otros fenómenos espirituales deben ser ciertos a tenor de los testimonios más que numerosos, pero manipulados por seres de 4ª dimensión. En el blog, Juan Martín nos dejo su relato de un fenómeno de este tipo vivido por él. Yo, al menos, sí tengo fe en Juan Martín.

    El pensamiento materialista, racionalista que supone que morimos y se acabó lo que se daba, (pues sólo la Ciencia nos salva), después de 77 reencarnaciones terrestres (eso también me lo he creído tontamente, ya ves), no lo puedo digerir.

    Podemos pensar muy "cuerdamente" que las rogativas son caca de la vaca, pero hace unas dos semanas pedí a la Mátrix insistentemente que jugara conmigo a provocar una dana (como ahora se le llama a la gota fría) y ahora mismo no sé que pensar, pero me alegra un montón tanta lluviia en estos últimos días, por lo que le he dado las gracias a la Mátrix que regula los nueve domos terrestres.
    Mi peor creencia es la real manipulación del clima y las mentes humanas, descaradamente, por parte de los interesados poderes materialistas.

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    1. Pero, hombre, Pedro, si es verdad que tienes ascendencia positiva sobre la Mátrix ¿por qué diablos no te has puesto en contacto con ella mucho antes? Hubierais podido evitar tanta sequía y tanta penuria de cosechas, por Dios.

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  14. Un saludo compañeros, decir por mi parte que es verdad que está lloviendo bien por todo el país.
    Y sobre el tema de la Fe humildemente opino, que una cosa es el marco institucional, y otra cosa muy distinta es el interior de cada persona, que se ha ido acrisolando por la realidad con el paso de la vida.
    Un abrazo compañeros
    Juan Martín

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  15. No alcanzo a entender la profundidad del mensaje de Pedro Calle. Está en otra dimensión. En cuanto a lo que dice Juan Martín, por supuesto que estoy de acuerdo: la fe pertenece al ámbito de lo privado, de lo íntimo. Y merece todo mi respeto. Lo malo, lo perverso ha sido, a mi juicio, institucionalizar la fe.

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  16. Queridos amigos, Fili, Juan Martín...
    No estoy en otra dimensión distinta a la vuestra, pero cada vez estoy más convencido que no somos dueños de ésta que habitamos.
    Los atisbos que haya podido tener de otras dimensiones o realidades alternativas han sido regalos que agradezco, abriendo mi mente a creencias que no se conforman con el materialismo marxista o el cientifismo al servicio de poderes militares y depredatorios. Pero sigo aquí, disfrutando con tus historias y haciendo lo que puedo por aprender y mantenerme cuerdo.
    Gracias por tu amabilidad y consideración.
    Por cierto, en un viaje anterior que hicimos a Córdoba, y estando alojados en casa de José Antonio Naz y Mari Carmen, salí a comprar un sujeta-tontón para el coche. Pregunté por ello a una simpática, joven y guapa muchacha en una tienda donde no lo tenían.
    Me orientó hacia el Centro Comercial, atenta y amablemente. .
    Entonces la amenacé con volver si no encontraba el Centro Comercial. No pudo evitar reirse complacida.
    Las cordobesas tienen mucha gracia.

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