jueves, 6 de marzo de 2025

Monotonía de lluvia...

-Manolo, ¿Mañana saldremos al campo? -le preguntaban los aceituneros a mi abuelo.

-El tiempo, en el tajo. Pero esta vez me atrevo a decir que vamos a tener por lo menos diez días sin poder salir del cortijo.

Mi abuelo Manolo era el oráculo de La Capilla. La gente se fiaba mucho más de sus pronósticos que de los de Mariano Medina en la tele.

Y estos días de lluvia pertinaz me devuelven a aquellos otros de mi niñez y juventud en los que durante semanas enteras, por mor de la lluvia que no cesaba, los aceituneros tenían que dejar sus varas en reposo y entretener el tiempo poniendo trampas para los pichirubios o perchas para los zorzales y las aceituneras del pío pío, sin fanegas que coger, dedicarse a dar bajeros en las casas, lavar y lavar ropa y ponerla a secar delante de la gran chimenea de la cocina.

Esta mañana, de camino a mi golf, el barbecho que hay antes de llegar a San Benito se veía surcado por grandes arroyones de agua presurosa que casi llega a rebosar por la carretera. Parte de la vega antequerana está inundada por lagunas aquí y allá, y en mi campo de golf, las ranas se divierten saltando de charco en charco como si no hubiese un mañana. Y sigue lloviendo, ahora algo más fuerte, luego, lloviznando, más tarde, nublado, para volver a empezar. Los diez días de mi abuelo. La historia que se repite.

Pero ¡qué alegría de lluvia! Las ranas y los sapos son marcadores biológicos de una buena salud medioambiental. Los niños de antes, sin móviles ni tablets, jugábamos a coger "cabezones" (bebés de ranas, renacuajos) en la laguna que se formaba antes de llegar a la viña de mi abuela. Días pasados, desde Casabermeja a Málaga, me cayó un manto de agua solemne. Sin sustos ni danas. Lluvia plácida y constante con esa nieblecilla húmeda y translúcida que, sin ocultar el monte embravecido, lo transforma en un paisaje mágico donde destaca la nata de los almendros sobre el verdor insultante de las laderas. 

¡Qué bonito es ver llover! ¡Qué agradable el tintineo de las gotas sobre los coches antes de quedarte traspuesto en la siesta fugaz de estas tardes sombrías!

¡Que llueva, que llueva, la Virgen de la cueva...!

¡Que llueva hasta ocho duros!, como decía el chacho José.

 

7 comentarios:

  1. La lluvia es mi vida. Soy casi anfibio. Esta madrugada caía agua a chorros. Las calles en silencio, soledad y el repiqueteo del agua. La tecnología me permite tener calzado impermeable y lo disfruto pisando charcos.
    Atravesar un charco es un acto de rebeldía y de placer.

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  2. Alegría de lluvia,jjjj,es vida

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  3. Creo que te has aficionado al golf para tener una excusa y salir al campo, te gusta más que a San Isidro Labrador. Por otra parte se dice: "cava en las manos de cualquier campesino y encontrarás un poeta".

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  4. Tiempos aquellos en que tras una pausa de la lluvia salíamos a la calle para hacer pozas y conducír el agua formando riachuelos, para después poner a navegar nuestros barcos de papel, o cualquier cosa que flotara.
    Y dejarnos caer por cualquier ladera hasta ponernos el culo embarrado.

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  5. Ami me encanta q llueva es una vendicion

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  6. Ahí q alegría de lluvia a mí me encanta q llueva me traen recuerdos de mi niñez. Que gracioso era el chacho jose 🤣😥

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