Un poner, se dice en mi pueblo. Imaginemos una Cataluña, por fin, independiente por la vía pacífica y diplomática. Un país soberano, vecino y amigo. Como Andorra, como Portugal. Una Iberia escindida en cuatro partes, pero hermanada. Mira tú qué bien. Puigdemont en su casa sin miedo a ser apresado, y nosotros tan tranquilos sin tanta monserga de catalán perdona vidas. Encuentro bastantes cosas positivas: los culés de mi pueblo se convertirán en béticos, sevillistas o malaguistas, nunca merengues, ni falta que nos hacen. El Barsa, encantado de conocerse ganando la liga catalana todos los años. Nos hará ilusión visitar Barcelona, Viella o la Costa Brava como si estuviésemos de turismo en el extranjero... En fin, yo le veo ventajas.
Puestos a imaginar, pongamos ahora -es un poner- que después de varios lustros de vida catalana feliz e independiente, liberada aquella bendita y sufrida tierra de la opresión castellana, va y resulta que el gobierno de una pequeña autonomía catalana, la del Valle de Arán, amenaza al gobierno central catalán con que quiere su propia independencia. Y la cosa no queda ahí, sino que pasados unos años dicha autonomía aranesa proclama su República independiente de forma unilateral. Es un suponer, eh.
En tal caso, no es difícil imaginar que los Puigdemont, Junqueras, Rufián y otras yerbas pusieran en marcha no ya un Pegaso, sino un IVECO, un VOLVO, un MERCEDES BENZ, un SCANIA, un RENAULT TRUCKS...Toda la gama de camiones posible en el espionaje de aquellos desagradecidos separatistas. ¿o no? ¿A qué viene, pues, tanto escándalo, tanta sobreactuación?
Al presidente Sánchez y a otros miembros de su gabinete también los han espiado. ¿Y qué? Pues que espabile el CNI y no se deje descubrir, porque espías los va a seguir habiendo, aquí y en todo el mundo. ¿Por qué Cataluña y los políticos catalanes iban a ser una excepción? Cataluña es ahora mismo una amenaza para la soberanía española. España es un obstáculo diplomáticamente insalvable para las pretensiones independentistas de Cataluña. Parece de lo más normal del mundo -según hemos aprendido de las películas americanas- que se espíen mutuamente. Y si resulta que no es así, sino que el espionaje nos llega vía Marruecos...¡Que espabilen y nos dejen de rollos macabeos!! Saliendo como estamos de una pandemia depredadora de vidas y bienes, y a pique de entrar en una conflagración mundial, al ciudadano de a pie, a quien ahora pretendo representar, le importa un rábano todo este asunto, está en otra onda. ¿Que al CNI lo han pillado con el carrito del helado? Pues que aprenda mejor su oficio, y a otra cosa. En esta cuestión creo que el presidente Sánchez se ha pasado de transparente. Entiendo, desde mi escasa politología, que tales asuntos debieran ser tratados como secretos de Estado, y no darle pábulo a los medios. Se realizan las pertinentes investigaciones internas, pero de cara a la prensa negar siempre la mayor. Echo de menos, de verdad, aquel dontranquedismo, aquella callada manera que tenía M. Rajoy de dejar enfriar las ascuas de cualquier escándalo. Hasta que llegaba el siguiente.
No soy anti catalán, ni mucho menos. Rechazo la petulancia y la supuesta supremacía que algunos catalanes, políticos y ciudadanos, parecen predicar. Por lo demás, considero aceptables sus pretensiones de independencia siempre y cuando sean compartidas por una gran mayoría de catalanes. Sus políticos me han decepcionado, no obstante. Pese a su porte de sobrado, me caía bien el mensaje de Rufián, me parecía correcto y oportuno en sus intervenciones parlamentarias y en los medios. Sin embargo, las recientes decisiones de su partido contrarias al gobierno en temas tan importantes como el de la reforma laboral o el de la política económica derivada de la guerra en Ucrania me hacen pensar que, como casi todos, carece de sentido de Estado, no busca otra cosa que no sean sus intereses partidistas. En suma, no son los políticos catalanes una honrosa excepción, son tan fulleros y desleales como cualesquiera otro de los nuestros. Excepción hecha de mi Yoly, claro está.
Ya lo sabéis, Pegaso no es un camión, que es un espía.