jueves, 3 de mayo de 2012

Lo mejor del mundo

Releyendo las dos últimas entregas me parece percibir en ellas un cierto tufillo machista. Me lo han advertido también mi mujer y mi hija, inflexibles, más duras conmigo que la censura eclesiástica en el cine de mi pueblo. "Según tú", me protestan, "las mujeres no hablamos más que pamplinas, nos dejas como gente superficial, sin más interés o preocupación por cosas que no sean la latitud del trasero, las dietas o los trapitos. Y éso", ahora suben el tono, " ni es verdad, ni es justo".

Ni es verdad, ni es justo. Ni yo lo siento así. Presento seriamente mis excusas si alguna amiga o lectora se ha molestado. Las mujeres que me conocen saben sobradamente de mi devoción por todo lo femenino.

Resulta muy tentador el recurso fácil a la caricatura o los clichés prefabricados a la hora de escribir. Naturalmente que las mujeres no soís así, como tampoco los hombres nos pasamos todo el día discutiendo de fútbol, ni babeando detrás de un culo bonito, ni todos vamos dejando la toalla tirada y arrollada en el baño. Pero ésas son, entre otras, las señas identitarias de uno y otro sexo en un contexto jocoso. Y habéis podido comprobar el tono desenfadado, desinhibido e hilarante de muchos de mis relatos. Estoy en la creencia de que en cualquier reunión de más de cuatro, los hombres podremos hablar de cualquier tema profundo, más serios que un juez, pero al final, con mucha frecuencia, acabamos con el Messi o el Ronaldo. Y si sois vosotras, las mujeres, pues lo mismo de serias y profundas, pero acabáis con recetas de merluza al horno al estilo de María José, la vasca.
Se trata, pues, de un recurso literario, linguístico, de tomar la parte por el todo. Siempre, queda claro, con intención divertida.

Aún así, no tengo inconveniente en reconocer determinados gestos machistas en mi conducta rutinaria, gestos, por otra parte, diría que del subconsciente, culpa de la memoria genética de siglos. Yo creo que, de una u otra forma, nos ocurre a la mayoría de los hombres. Cuando recogemos la cocina, ponemos el lavavajillas, tiramos la basura..., "¿qué más hago yo, Peque?, que no me acuerdo", nos sentimos reconfortados por creer que estamos ayudando a nuestras mujeres. Lo de la corresponsabilidad doméstica nos parece un invento feminista. Menos a Frasqui, que ése si que es un tío de su casa, hasta se divierte planchando. Divinamente. Pero, bueno, vamos progresando.

Dicho ésto, voy a escribir una reflexión sentida y veraz acerca de lo que muchas de vosotras ya sabéis, mi admiración por las mujeres. No ya solo por lo erótico-guarrindón, que también, sino por otras muchas cualidades inherentes a vuestro sexo. No sé tanto de todas vosotras como para poder generalizar. Hablo de lo que conozco, y ni siquiera de mi Peque ni de mi Meli, que se me notaría el plumero. Hablo de mis amigas más cercanas, de Paqui, de Pilar (la de Bubión y la de Córdoba), de Mariqui, Mercedes, Cati, María Jesús, Mati, Victoria, Nati, Ana..., hablo de mis cuñadas, de mi hermana la chica, de mis compañeras de trabajo, de mi vecina Viqui, hablo de mi Antonia, la mujer que da lustre a la cocina, a los dormitorios, a los baños y a otros trapos sucios...Hablo de personas admirables en muchos aspectos vivenciales en los que nos sacan varios largos de ventaja. Y voy a mencionar solo aquéllos en los que yo mismo me veo claramente perdedor: la capacidad de sacrificio, la dedicación a la gente próxima, la fuerza vital, la generosidad con mayúsculas, la transigencia, el sentido enorme de lo práctico, la lucidez (mental y física), la capacidad de adaptación a los contratiempos, la sensibilidad, la apreciación de detalles delicados (cosas que a nosotros nos la suda)...¡Ah!, y el don de mando, que también hace falta.

No tengo más que palabras de elogio para estas mujeres. Muchas de ellas han contribuído de forma decisiva a la cohesión de nuestro grupo de amigos del pueblo, del seminario y de Sevilla. Parafraseando a nuestro amigo Paco Gálvez "el cura", las mujeres sois la alegría de la vida, lo mejor del mundo.
Ea, pa que veáis. Y no espero que me tiréis sostenes. No daría abasto.

4 comentarios:

  1. "Asín sí". Aunque un poco pelota....

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  2. Totalmente de acuerdo. En mi caso se añade que no megusta el futbol, así que me tiran mas las mujeres en las reuniones

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  3. Me parece a mi que has cobrado, que tu estas mu falto leña, ja,ja ja. Pero vamos lo que es es y no te has equivocado ni una mihita.
    Conchi

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  4. Asi me gusta. Se que cuando quieres eres un encanto.
    Di lo contrario y te cae una lluvia de....
    Besos

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