En algún sitio he escuchado que el golf es el segundo deporte más técnico de todos. No me acuerdo de cuál era el primero, quizás el boxeo o la natación sincronizada. Puedo dar fe de que, en lo que a mí respecta, el golf, desde luego, requiere de más concentración y de más técnica que ninguno otro de los que yo haya practicado. El deporte más sencillo y asequible es el caminar, y el más completo, el que más músculos mueve, la natación.
El caminar puede ser muy interesante y atractivo cuando vas de senderismo por parajes bonitos, pero resulta aburrido por cansino en los senderos de los pueblos, las famosas rutas del colesterol, tan de moda. Caminar o correr por el campo, en solitario o en grupo, pero sin competir, no es algo que me atraiga mucho que digamos y hace tiempo que mis rodillas y mis caderas se negaron en rotundo a jugar al tenis, mi penúltimo refugio de ocio. La natación, para mi gusto, tiene el inconveniente de la escasa disponibilidad de piscinas climatizadas en según qué entorno vivas. Pero incluso viviendo en Antequera, con una piscina climatizada espléndida y a un precio de un euro por sesión, me sentía algo agobiado por estar en un ámbito cerrado y respirando cloro volatilizado en el aire ambiente. Cada mañana salía con más mocos que mi nieto Lucas en su guardería. Además de resultar aburrido tanto viaje de ida y vuelta en tu misma calle. A lo último, más que nadar, lo que yo hacía era entretener mi vista cansada en la contemplación de algunas gachises con cuerpos esculturales. Además de lo bien que nadaban.
De manera que mi acercamiento al golf en la edad tardía ha supuesto para mí un regalo inesperado y muy gratificante.
Para empezar a entender la dificultad de este deporte, el instrumento de juego en el golf, el palo, no es uno, como pueden ser una raqueta, una espada de esgrima, un balón de fútbol, una bici..., sino muchos: yo tengo en mi bolsa 11 palos y soy el que menos lleva. Un palo para cada distancia. Con el Driver, el palo más largo y cabezón, alcanzo 150 metros; con el hierro 7, 100; con el Wedge, 60... Soy de la opinión, sin embargo, de que ya con cierto grado de oficio se puede jugar al golf perfectamente con sólo cinco o seis palos.
Los palos de golf no se cogen de cualquier manera, tienen un agarre difícil y molesto, con ambas manos semi entrelazadas, hasta que no te acostumbras: ese agarre se llama el grip. Y luego vienen la postura, las piernas de esta manera, ni rectas ni demasiado dobladas, el brazo izquierdo siempre tieso, la mirada fija en la bolita sin perderla nunca de vista... Y repetir y repetir y repetir hasta que todos los movimientos queden fijados en tu cerebelo, de manera que ya te salgan de manera espontánea. Si hay algún deporte en que la constancia nos lleve a la perfección, ése es el golf.
Pero, tampoco. Llevo dos años en esto, juego casi casi a diario y sólo he conseguido bajar mi hándicap hasta el 28. Es muy complicado esto del golf. Y también es por días. Hay días en que eres el rey del mambo. Y otros en que te entran ganas de romper los palos. Incluso en los días buenos tendrás golpes muy malos. Si te va bien en los hierros, te irá mal con las maderas; si haces la calle en dos golpes, cosa fantástica, emplearás tres o cuatro en el green... Y esto no es algo que sólo te pase a ti, le ocurre a cualquiera de tus colegas de juego, incluso a los de hándicap más bajo, a los buenos.
Tal vez en esto estribe el enganche del golf, el más vicioso de todos los deportes, en la eterna imperfección, en la eterna insatisfacción, en la necesidad de una concentración máxima en cada golpe, en no dar ningún golpe por ganado...
Estoy convencido de la conveniencia de practicar el golf para cualquier jubilado que disfrute con el deporte al aire libre o que, simplemente, desee hacer un ejercicio físico saludable con el beneficio espiritual añadido de la contemplación y respiración de espacios abiertos, verdes y bellos. Muchísimo mejor ¡dónde va a parar! que encerrarse en un gimnasio oliendo a pinreles o en una piscina climatizada respirando cloro.
Eso sí, si me hacéis caso y os metéis en este berenjenal del golf, os doy una recomendación: mucha paciencia, mucha constancia, mucho disfrute y nada de cabreo. Y ser conscientes de que en los primeros meses, más que jugadores de golf pareceréis unos buscabolas.
¡Ánimo!!!
Navegamos en el mar de la imperfección, de la fragilidad y de la vulnerabilidad durante toda nuestra vida y ahí es donde debemos estar atentos para encontrar la alegría, la satisfacción y trabajar con cien palos por conseguir un estado de felicidad casi estable.
ResponderEliminarBuen artículo, José María.
Gracias, amigo.
ResponderEliminarTodos los deportes necesitan de una técnica complicada.
ResponderEliminarA veces casi imposible de conseguir y que además necesitan de una tenacidad ejemplar, para repetir miles de veces un gesto que hay que mejorar.
El golf es más complicado que el caminar.
La natación tampoco es la panacea que siempre nos han predicado. Se trabaja en ingravidez.
El caminar y también tu golf ha que completarlos. A esta edad tan delicada hay que dedicar tiempo y esfuerzo a los ejercicios de musculación.
Con aparatos complicados, con unas pesas caderas, con unas gomas….con nuestro propio peso o como nos inventemos, es imprescindible hacer ejercicio de fuerza.
Estoy de acuerdo. Empujar el carrito del golf cuestas arriba y frenarlo cuestas abajo supone ejercicio de fuerza. Sin contar los entre 80 a 100 golpes de palo que damos en cada partida.
EliminarBienaventurados los golfistas que encuentran el hoyo perdido en cada calle, hoyo en el otro extremo de la salida para que tengamos que pensar si con este palo nos quedamos cortos o con aquel nos estrellamos en el bánquer al fondo del green.
ResponderEliminarNo hay que gastar más golpes de la cuenta en cada calle, sobre todo si competimos o hay apuestas de por medio.
Si hay otros jugadores jugando su partida por delante de nosotros tengamos paciencia con esos inútiles que nos bloquean el juego sin considerar que el campo de golf no es un lugar para tertulias y pérdidas de tiempo tomando refrescos o cervezas.
De la perseverancia ya se ocupa el precio que hemos pagado por nuestro equipo a amortizar.
En mi caso, carezco de todos esos inconvenientes y mi hándicap medio viene a ser de -10 bajo par.
Desgraciadamente con la videoconsola no se sufre apenas.
Pedro Calle
Jajajaja. Asimismo es, Pedro. Te animo a dejar la videoconsola y salir a la arena. En este caso, la hierba.
EliminarGracias por lo pormenorizado y divertido del articulo, me coge un poco oxidado para tamaña tarea, me agoto viendo un dérbi de fútbol, como espectador si que me gusta mucho este deporte. Por lo demás soy working class y me siento un poco desplazado.
ResponderEliminarComo expresé en algún comentario perdido en la maraña articular (de los artículos ajenos o propios) preferiría ir a esquiar, aunque los campos de golf me queden más cerca.
ResponderEliminarPero tampoco, más bien me quedo enajenado simplemente viendo grandes partidas de ajedrez y releyendo los libros de Carlos Castaneda u otros aleatorios.
Lo demás es esperar la caída de Pedro Sánchez o la caída de la civilización tal como la conocemos si él y Maduro consiguen atuercarse al poder finiquitando la democracia. (De todas formas no veo alternativa ni en Feijó ni en la madre sionista que los parió a todos ellos).
Pedro Calle