viernes, 7 de febrero de 2025

Los chochos antiguos

 Antenoche unos amigos del pueblo, la Peque y yo fuimos al monólogo de Manu Sánchez en el teatro Cervantes de Málaga. Ellos estuvieron de peoná, todo el día zanqueteando por tiendas y tabernas. Yo me sumé ya en la atardecida después de un almuerzo tranquilo en casa y de mi buena siesta.

Albergaba mis dudas sobre lo acertado de asistir al espectáculo, pero, amigos, valió la pena. ¡Digo si  valió!

Cuando mi padre, un disfrutón nato, veía algo extraordinario para él, qué digo yo, contemplar la inmensidad de París desde lo alto del arco del triunfo o el infinito mar de olivos entre Alcaudete y Martos, pongo por caso, me decía "niño, nadie debería morirse sin ver esto". Pues yo pensé lo mismo antenoche en la velada del Manu.

El tío cachondo tuvo la habilidad y la gracia de envolver en un relato desternillante, sin parar de reírnos durante dos horas largas, todas las penalidades sufridas en estos últimos años por mor de su cáncer de testículo, sus larguísimas estancias hospitalarias, sus largos y tediosos tratamientos quimioterápicos, sus muchas intervenciones quirúrgicas que le tienen el cuerpo como un Frankestein, sus dificultades emocionales para hacerles comprender a su hijos pequeños el asunto suyo del cáncer, sus muchas anécdotas con amigos, médicos y enfermeras; su relación tan especial y tierna con sus padres...

Alternó con tacto y un talento innato la emotividad, la ternura, la reflexión seria sobre el valor de nuestra Sanidad Pública y, sobre todo, el humor, el chiste, la carcajada, el teatro que se nos venía encima de tanto reír la gente.

Sin ánimo de estropear (hacer spoiler, se dice ahora) la trama, hubo un alegato que no puedo resistirme a contaros. Me puede la picardía. Dice el tío que una vez acabada la quimio le ha brotado una barba nueva, muy diferente a la de antes, le ha salido negra, poblada y rizada, "una barba de chocho antiguo". El teatro fue un clamor, la gente ya no podíamos reír más, nos dolía la barriga de tanto reír. Un chocho antiguo, qué barbaridad. No dijo un coño, ni siquiera esa otra forma edulcorada de shosho, no. Dijo chocho, con ese énfasis grosero sobre esas dos ches tan singulares y que tanto nos gusta a los salidos. Siguió el relato diciendo que hoy ya no se ven chochos como antes, que casi todos están afeitados: "Yo veo bien que esa flora mediterránea de ahí abajo se pueda podar un poco, se deba sulfatar para evitar fauna extraña, incluso, que se le hagan cortafuegos laterales, pero, hombre, que siga pareciendo un chocho, coño ya".

En fin, un espectáculo por todo lo alto que, encima, resultó terapéutico para todo el mundo, pero sobre todo para las personas que tienen cáncer, por el optimismo con que afronta tanto reto y tanta penalidad, y por su sentido vitalista y humano. Un canto esperanzado a la vida, un regate habilidoso a la muerte. Un acierto total.

2 comentarios:

  1. Es cierto, ya no se ven chochos antiguos (tampoco nuevos, es cierto) pero esa es otra historia. Hasta otra Fili.

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  2. Mejor no chochear, que uno esta mayor.
    Pedro Calle

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