Nos temíamos lo peor, la muerte a escobazos, en los recientes tiempos del Covid. No fue para menos. Y va a resultar ahora que, en la ansiada NORMALIDAD, uno no puede otra cosa que sentirse triste y defraudado al comprobar cómo, una tras otra, han ido surgiendo calamidades espantosas en este nuestro país, en nuestra España querida de Juanito Valderrama, y cómo de malamente han sido gestionadas por los responsables políticos correspondientes a base de opacidades vergonzantes, torpezas, engaños, demoras desesperantes y peleas partidistas que, muy lejos de ayudar a la concordia, han azuzado la insoportable confrontación ciudadana que sufrimos. Todos tenemos en mente los casos de la DANA valenciana, el Apagón General, el desastre ferroviario de Adamuz, los cribados del cáncer, los devastadores incendios de este verano... Y, por si faltara la guinda del pastel, la invasión pacífica de Ceuta por sesenta mil muchachos marroquíes. ¡Rien ne va plus! Vive uno con la frustrante sensación de que ya nada funcione bien en este país.
Por lo que respecta a Ceuta, cualquier ciudadano de a pie, cualquiera de nosotros, esperaría una acción del gobierno lo más rápida y eficaz posible dentro del marco de la legislación internacional al respecto para aliviar y destensar la difícil convivencia ciudadana en semejantes condiciones. Cosa que, por desgracia, queda todavía, después de un mes, en un horizonte muy lejano. Desconozco el germen de esta invasión. No voy a entrar en hipótesis ni otras paranoias al uso. Simplemente, no lo sé. Lo que sí resulta evidente es la complejidad del asunto y la insoportable pachorra con que el gobierno parece haberse tomado el problema, por mayúsculo que sea. Que lo es.
Hoy, todo el mundo está con Ceuta, que para eso celebra su día. Todos apoyamos a Ceuta: en las manifestaciones consistoriales, a pie de calle en la misma ciudad ceutí, en las redes, en las charlas apresuradas de las calles, en las tiendas de mi pueblo, en los WhatsApp de amigos... Y yo me pregunto con toda honestidad y humildad que qué será lo que conseguiremos con tanto apoyo virtual. Me temo que nada. Me temo que el problema seguirá igual: miles de jóvenes apátridas y desesperados deambulando por doquier y expuestos, por pura necesidad, a delinquir. Y otros muchos miles de compatriotas ceutíes privados de la normalidad de sus vidas, algunos, sin ni siquiera poder pisar las calles.
Desde mi punto de vista, el verdadero apoyo a la ciudadanía ceutí vendría de la mano de la descongestión de la ciudad. En otras palabras, del reparto de esos jóvenes entre las distintas comunidades autonómicas de una manera provisional, en tanto que el gobierno diera, de una vez, con una solución justa y legítima. Y me entristece pensar que muchas personas de las que van a participar en las diferentes manifestaciones de apoyo a Ceuta, alentados y convencidos por los partidos de la oposición, hayan sumado el objetivo legítimo de apoyo a Ceuta con otro más sibilino de atacar a Sánchez, derrocar al gobierno por encima de cualquiera otra consideración. Una lástima.
Conste que el gobierno se ha hecho más que merecedor de la crítica más ácida que se quiera. Uno no comprende los pasos de elefante que se están dando, cuando la cuestión requiere el trote rápido de un joven corcel. Hasta ahí, estoy conforme. No es admisible tanta parsimonia, tanta inacción. La ciudadanía no puede entender tal proceder. Es verdad.
Pero una cosa no quita la otra. Critiquemos al gobierno, sí, pero abramos las puertas de nuestros pueblos a esta gente malhadada. Si todos fuésemos capaces, aunque sólo fuera por unos días, de despojarnos de la maldita ideología fanática, lo veríamos como lo más plausible dentro de las circunstancias actuales.
En España contamos con más de 8.000 municipios. Fijaros qué cuota tan pequeña tendrían que "soportar" cada uno de ellos. A mi pueblo le tocaría dos o tres. Se trata de sacar de Ceuta a 3000 muchachos. No veo cosa más sencilla, la verdad.
No hace falta dinero, lo tenemos; no hacen falta asistentes, los tenemos. Hace falta voluntad política y voluntad ciudadana. Si las personas que proclaman su apoyo a Ceuta se manifestasen en sus respectivos ayuntamientos o en las diputaciones provinciales exigiendo apertura para el reparto de marroquíes, entonces sí que podrían respirar en paz nuestros queridos ceutíes. Es la única manera que yo veo de apoyar a Ceuta: repartiendo a sus muchachos callejeros.
¡Hagámoslo posible! Dormiremos todos más tranquilos.