miércoles, 21 de octubre de 2026

Prueba de autocontrol para maridos

 A las nueve de la mañana tenemos que estar en la clínica. Son las menos veinte.

-Sema, joer, ya vamos tarde. No he visto persona que se recree más en el váter...

La Peque, que tiene cita con su dentista en Antequera. Y yo voy de chófer por si luego, al regreso, no pudiera conducir. Ni en su casa puede uno cagar tranquilo.

Salimos, pues.

Nuestra calle, la calle Sol, es bastante empinada. Vamos hacia abajo, y en todo lo hondo gira a la derecha en un ángulo de noventa grados.

-Sema, en esta curva no puedes entrar a esta velocidad. Un día te vas a meter en la casa de tu prima Isidora. Tienes que frenar mucho antes, ¿Cuántas veces te lo tengo que decir...?

Y yo, canturreando. No es que mi mujer esté de mal humor por su dolor de muelas, no. Es siempre la misma cantinela.

En el cruce de la calle Donantes de sangre, otra advertencia: "Tira pa la derecha, que por la izquierda siempre hay alguna furgoneta en la tienda de Amalia, y no puedes pasar".

Ya en la salida del pueblo:

-¡Chiquillo!!!! ¡No has hecho stop! Has mirado sólo para arriba... ¡Con la de críos que cruzan para la escuela...!

-He mirado de reojo -salgo con toda mi guasa-. Tranqui tronqui, que el abuelo tiene mucha mili.

-Lo que tienes es un muermo que te lo pisas.

Subiendo la cuesta de la Grea:

-¿Pa cuándo piensas cambiar de marcha? Tú acostumbrado a tu coche automático no te das cuenta que vas en quinta y que el coche no tira. ¡Cambia ya, anda!

No esperábamos una mañana tan fría, la verdad. El indicador de temperatura marca 7 grados al paso por el Llano Pasilla. Me distraigo dos segundos toqueteando los botones de la calefacción y el antivaho.

-¡Que nos vamos al pasto, me cago en la leche! ¡Que no toques na, joer! Ya me encargo yo.

Al pasar por el cortijo del Realengo:

-Te pasas por el forro las limitaciones. Hay una señal de 60, por aquí salen tractores y camiones... Y tú tan pancho, a 90. Yo no sé por qué te dejo mi coche...

Ya en la autovía:

-¿Por qué vas a 100? Métele caña ahora que se puede, so atontao.

Al ratito, detrás de un camión:

-Que te estoy viendo las intenciones... ¡No lo adelantes, tío! ¿No ves que enseguida tenemos la desviación para Antequera?

En la rotonda de la gasolinera entro un pelín fuerte, más que nada para provocarla.

-No, si me vas a meter en  tor medio los pistachos... ¡Qué hombre más despistado, oyes! 

En el repecho del antiguo Hotel La Vega:

-En este tramo hay un radar móvil. Te recuerdo que ya te han multado tres veces, que lo sepas.

Me pongo a 60. Es verdad lo de las multas, y procuro ser cauto siempre que me acuerdo.

-A este paso no llegamos ni a las y media -protesta desdeñosa.

Ya en Antequera:

-¿No has visto el semáforo en rojo? ¡Osú, osú! Viajar contigo es un sufrimiento, de verdad. No estás en lo que estás. Me tienes las coronarias achicharrás.


Y, por fin, llegamos a la clínica.

¿Creéis que he pasado con nota la prueba de autocontrol?  Para mí, Matrícula de Honor.

Y a la vuelta, que conduzca ella.





2 comentarios:

  1. Y a pesar de todo llenan nuestra vida. Cuando en la casa, nos dejamos de ver un ratito, nos surge la urgencia del encuentro. Mis amigos que se quedaron solos maldicen la vida. El otro día al salir de casa y desde la puerta al escalón me regañó dos veces. Mi zaguán mide un metro.

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