miércoles, 12 de junio de 2013

El queso, los ratones y los médicos.

Después de veintisiete años en Valme, mi hospital, veo, por primera vez, un terrible desencanto en gran parte del personal. Y donde más lo aprecio, lógicamente, es en mi propio servicio. Por ser al que mejor conozco. Siempre ha habido algo de esto, es natural, todo el mundo no puede estar contento con todo lo que sucede en un lugar de trabajo tan complicado y exigente como es un centro sanitario. En nuestro pequeño universo son habituales las rencillas, los celos, las comparaciones maliciosas, las zancadillas, las maledicencias...,en fin, qué os voy a decir, la bata blanca, al igual que la sotana, no imprime carácter ni es garantía de magnanimidad. Debería serlo, pero no lo es. De acuerdo, siempre ha habido cosillas, pero nunca como ahora.
 
En lo que respecta a los médicos, las medidas de recorte que están causando más daño no son, como podría en principio parecer, que nos hayan metido mano en el bolsillo, que también, sino la contratación de eventuales al setenta y cinco por ciento. Os explico: cada médico ha dejado de percibir entre quinientos y mil euros al mes por distintos conceptos retributivos. Pero si los médicos ganáis  un dineral, diréis. Un dineral, digo yo también. Sobre todo si lo comparo con lo de tantísimos mileuristas o con los seis millones de parados. Una miseria, si lo comparamos con lo que se embolsan algunos politiquillos y politicazos. Pero, en fin, no nos vamos a comparar con gentuza (al hablar así de los políticos hago excepción expresa de nuestro amigo Manolo, eh). Ahora, mil euros menos escuecen, en eso estaremos todos de acuerdo. Y es comprensible y humano sentirse cabreado y menospreciado. Más aún cuando nuestros excelentes gestores y honestos políticos nos ponen a los pies de los caballos pretendiendo mensajes engañosos a la población negando ni la más mínima merma en la calidad de la  asistencia. Ellos tan panchos en su moqueta. Con todo, apechugamos.

Los contratos eventuales al 75% son un auténtico descalabro en la organización del trabajo diario. Eso, y no otra cosa, es lo que nos tiene desquiciados. Por lo menos a mí. En nuestro servicio tenemos a siete médicos contratados de esta manera. Cada uno libra dos días en semana, un día por la reducción del contrato, otro por saliente de guardia. Si de cinco días laborables trabajan sólo tres ¿qué continuidad pueden ofrecerle a sus enfermos? Precisamente la continuidad, la asignación de cada paciente con su médico es una de nuestras principales e irrenunciables banderas. Los pacientes y los familiares andan como locos sin saber quién sea el médico responsable ya que cada día, o casi, pasa uno distinto. Hemos intentado, en estos meses últimos, otras distintas formas de distribución del trabajo, hacer librar a los eventuales una semana entera al mes, no librar y acumular días...pero no ha resultado, cualquier propuesta parece tener más inconvenientes que ventajas. Es muy duro admitirlo, pero desde un punto de vista organizativo hubiese sido más eficiente despedir a tres compañeros y dejar al resto al 100%. No desde luego desde un punto de vista laboral ni humano, claro que no.

Muchos meses ya de crispación. Se nota en todo. La gente salta por nada, las sesiones clínicas han diezmado la concurrencia, los desayunos  han empobrecido su contenido coloquial, parece que no nos dejáramos ver como antes..., se mastica el descontento. Y así no se trabaja bien.

En este contexto desacostumbrado, hace unos días uno de nuestros médicos nos envió a todos un e mail corporativo incitándonos a una reflexión seria y moderada sobre la situación tan extraña que estamos viviendo. Precisamente un médico de los más damnificados. Pretende una sesión conjunta y bien organizada para conseguir un posicionamiento común en todas estas cuestiones que os estoy refiriendo. Hasta ahora, en muchas de nuestras sesiones ha habido, sí, opiniones para todos los gustos, lo que se dice tormentas de ideas, y finalmente, la decisión última del jefe. Y este médico, muy acertadamente, propone otra cosa. Que cada uno, desde la reflexión razonada en casa, vaya cargado de razones que aporten, no que dividan. Y para ir abriendo cuerpo nos envía un librito on line que, según él, puede ayudarnos a adaptarnos al cambio que se nos ha impuesto. "Quién se ha llevado mi queso", se llama el librito. No sé si lo conocéis. Es un fábula de éstas con finalidad de autoayuda que trata, de una forma algo infantil, el tema de conseguir objetivos y finalmente la felicidad mediante la búsqueda incansable de soluciones y mediante la adaptación a las imposiciones de una realidad casi siempre hostil y cambiante. Dos ratoncitos y dos liliputienses se las ingenian de distintas maneras para conseguir sus depósitos perennes de queso, el sumum de la felicidad en su mundo minúsculo e inocente.

A mí, la verdad, me ha parecido bien. En realidad, yo apruebo cualquier iniciativa que ofrezca un mensaje positivo. No me va lo de la catarsis colectiva, me parece destructiva. Bueno..., pero a algunos compañeros les ha sentado muy mal. No sé cómo va a salir todo esto. La reunión es para mañana, jueves. Han escrito en sus e mail de contestación que les parece una broma de mal gusto, que si un cuento chino, que si una forma de resignarse y claudicar, que lo que tenemos que hacer es seguir reivindicando...Uno de ellos tiene toda la gracia, va y le contesta: oye, muchacho, cuando leí el librito pensé por un momento que mi mujer le habría echado alguna seta alucinógena al arroz. He delirado.

Pero este muchacho no se amilana. Ha contestado también. Y yo me alineo con él, quizás no en todo, pero sí en lo sustancial. Mirad lo que, más o menos, contesta. Algo así: ¿Hasta cuándo va a durar esto?, ¿vamos a estar siempre cabreados? Yo he pasado ya la fase de indignación, ahora estoy en la de aceptación, que no es lo mismo que resignación. He sido, todos lo sabéis, quien más me he señalado en esta brega, he salido cada mañana a cortar la carretera de Bellavista, mientras vosotros permanecíais cómodamente instalados en vuestros despachos de trabajo, me he arriesgado ante la dirección, pese a la precariedad de mi contrato, dimitiendo de tutor de residentes y de la comisión de seguridad del paciente, he interpuesto una querella contra el SAS por el atropello laboral a que nos somete, yo por mi cuenta, y la he perdido...Soy, honradamente, quien más motivos tengo para quejarme. Y he luchado. Pero ya está, hasta aquí hemos llegado. Y ahora, después de estos meses de lucha y de reflexión, os digo que soy un hombre afortunado, que todos nosotros somos unos privilegiados. ¿Acaso no os dais cuenta de lo que está pasando fuera? Tengo amigos y familiares tan licenciados, tan responsables y tan capaces como cualquiera de nosotros, que han tenido que emigrar a Alemania, al Reino Unido, a los Estados Unidos; tengo familiares a quienes doy dinero, una especie de mini sueldo todos los meses a cambio de chapuzas en casa...Soy un privilegiado porque puedo ver a mi mujer y a mis hijos cada día, porque trabajo en lo que me gusta y en mi propia ciudad, porque si mis padres enferman me tienen, los tengo, al lado...¿quién puede hoy presumir de eso? Todos nosotros. Pues eso. 

Y yo me digo: me cachis ya, me has quitado las palabras de mi boca, tío.   
 
 
 
 

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