Tengo fichados a tres pedigüeños que se apostan diariamente y a jornada completa en determinados sitios estratégicos de la calle Infante don Fernando -vulgo calle Estepa-. Y yo, casi religiosamente y de manera rotatoria, les abono mi diezmo, un euro. Ya nos conocemos, claro está. Los tengo fichados, me ufano ante la Peque. Ellos son quienes te tienen fichado a ti, so inocente, me responde enseguida. Mujeres.
Son dos hombre y una mujer. Ellos son muy correctos y discretos, nunca piden de manera llamativa, simplemente están sentados frente a su platillo, uno le echa la moneda y ellos te devuelven un "gracias señor" y ya está. Pero ella, la mujer, es mucho más tentona. Desde diez metros antes de que uno llegue a su puesto ya está componiendo los gestos lastimeros e inventando el pretexto oportuno: "Deme algo, por favor, para las medicinas de mi nieto", por ejemplo.
Me hace gracia, qué queréis que os diga, me cae bien esta mujer añosa y agitanada. Acostumbrada a su euro cada tres días, según tocas, si en alguna ocasión le entrego calderilla -la pettite monnaie de los franceses- me afea la conducta meneando negativamente la cabeza delante mía mesma, como diciendo "esto no es lo acordado".
Un día se sintió descubierta, creo yo. Paseando mi perrita por una de las calles señeras de Antequera, nos salió al paso otra perrita muy ladradora y perfectamente acicalada que venía suelta. Mientras yo tranquilizaba a la mía nos abordó por la espalda una mujer andrajosa que venía a por su perrita. "Qué susto, creía que se me escapaba -se me disculpa-, es que es la perrita de mi nieta". Al levantarse de recogerla me quedo mirándola y era mi pedigüeña, mi rumana de la calle Estepa. "¡Anda, pero si es usted!" -le dije sorprendido. Y ella, más sorprendida aún: "Ah, mire qué casualidad"... Y sin dejar de sonreírme se alejó hacia su casa, una casa de cierto postín. Y supuse que ella y su hija serían del servicio doméstico y vivirían allí, claro.
Últimamente parece haber cambiado de estrategia. Seguramente "despedida" por el dueño de la pastelería en cuya puerta se apoltronaba, ahora me la encuentro sentada a la salida del Mercadona que frecuento. Y ya no me pide dinero, o sí, pero sobre todo, comida. "Señor, cuando usted salga, a ver si me puede comprar una cajita de fresas... Para mis nietos, los pobres"... Y allí que salgo yo muy solícito y le entrego las fresas. A ver... Lo de hoy ha sido muy gracioso. "Señor, qué buena persona es usted, me haría falta un pollo". "¿Un pollo?" -le respondo casi mosqueado. "Sí, por favor, un pollo entero, que es que a mis nietecitos les gusta mucho, y no podemos". Ea, pues ahí está, un pollo entero, cinco euros del tirón. Joer con la vieja, me digo. Y cuando se lo estoy entregando en la misma puerta de la calle se me ocurre... Bueno, estas cosas que solo me pasan a mí. Se me ocurre preguntarle que por qué un pollo entero, si no sería mejor bandejas de piezas de pollo ya despellejadas y más fáciles luego para cocinarlas que no tener que andar desollando y cortando huesos... En fin, uno por ayudar. Y va y se pone la señora: "Pues es verdad, mañana me compra usted bandejas de esas". La madre que la parió.
La Peque ya me ha sentenciado: "Esa mujer te tiene cogido el pan bajo el brazo. Ya no vas más al Mercadona".
Últimamente parece haber cambiado de estrategia. Seguramente "despedida" por el dueño de la pastelería en cuya puerta se apoltronaba, ahora me la encuentro sentada a la salida del Mercadona que frecuento. Y ya no me pide dinero, o sí, pero sobre todo, comida. "Señor, cuando usted salga, a ver si me puede comprar una cajita de fresas... Para mis nietos, los pobres"... Y allí que salgo yo muy solícito y le entrego las fresas. A ver... Lo de hoy ha sido muy gracioso. "Señor, qué buena persona es usted, me haría falta un pollo". "¿Un pollo?" -le respondo casi mosqueado. "Sí, por favor, un pollo entero, que es que a mis nietecitos les gusta mucho, y no podemos". Ea, pues ahí está, un pollo entero, cinco euros del tirón. Joer con la vieja, me digo. Y cuando se lo estoy entregando en la misma puerta de la calle se me ocurre... Bueno, estas cosas que solo me pasan a mí. Se me ocurre preguntarle que por qué un pollo entero, si no sería mejor bandejas de piezas de pollo ya despellejadas y más fáciles luego para cocinarlas que no tener que andar desollando y cortando huesos... En fin, uno por ayudar. Y va y se pone la señora: "Pues es verdad, mañana me compra usted bandejas de esas". La madre que la parió.
La Peque ya me ha sentenciado: "Esa mujer te tiene cogido el pan bajo el brazo. Ya no vas más al Mercadona".